Karina Acosta y una vida dedicada al Carnaval

El carnaval de Villa Blosset cumple 40 años de mística y brillo, y habiendo transformado la vida entera del barrio, hablamos con una de las protagonistas sobre cómo fueron sus orígenes.

Por Juan Báez Nudelman

Posadas, 1983, esquina de Calle Sarmiento y Lanusse, un grupo de vecinos se reúne para formar lo que se llamará Villa Blosset Samba Show. La iniciativa la tuvo César Acosta, un gestor barrial que consiguió instrumentos, tambores que llegaron desde el Club Guaraní para que los chicos del barrio puedan tocar. Entre las personas que están ahí, en la primera foto de ese verano eterno, está Karina, la hija de César, una niña de apenas 10 años que acaba de descubrir su pasión.

Karina nació, se crió y vive actualmente en Villa Blosset. Desde esa primera vez, nunca volvió a perderse una sola fecha del Carnaval. También aparece un tal Ichu Castillo, un joven de entre 18 y 19 años que luego se convertirá en una leyenda de los tambores, pero eso todavía no pasó en la foto. Allí también están los vecinos que luego fueron relocalizados por el avance de la Costanera, hoy en día vienen desde A4 y A3-2 para reencontrarse con sus orígenes. Nadie de los que estaba presente en ese momento imaginaba que estaban dando inicio a una de las tradiciones más importantes de la capital misionera.

Los orígenes de un grupo que marcaría la historia de Villa Blosset

Ella asegura que su barrio es el corazón, la génesis de nuestra ciudad, lo que sucedía entre esas cuadras y la Laguna San José, que hoy permanece oculta bajo el río Paraná, fue según ella un factor clave para nuestra identidad local. Allí también está el Mercado Modelo La Placita, donde ella tiene un puesto y se gana la vida. Un paisaje muy diferente al de hoy en día, aunque parezca difícil imaginarlo, no había costanera y las calles por fuera de las cuatro avenidas del centro eran de tierra. Aunque hoy se considere un lugar turístico, siempre fue un punto de encuentro para los vecinos del barrio.

Volviendo al Carnaval, el presidente de la comisión, César Acosta, había conseguido tambores y con lonas recicladas se pudieron armar parches. Chane Arias, un pibe de 16 años, decidió tomar la posta de la banda. Eran épocas diferentes, noches largas afuera en la calle, y un poco de eso y de un programa de televisión brasilero, salió el nombre Espiral con el que se rebautizó al grupo. Desde entonces, no sólo la gente del barrio, sino pibes y pibas de todo Posadas, tuvieron su paso por la fiesta popular y hace cuarenta años, sigue dejando huella en el mapa de nuestra historia.

Para Karina el carnaval es una forma de vivir la vida, por eso se encarga durante todo el año de organizarlo. A veces más, a veces menos por la cantidad de vecinos que se fueron yendo, lo que permanece es el ritual en la misma esquina. En los últimos años, además, con la puesta en valor de todos los carnavales posadeños, Villa Blosset volvió a pisar más fuerte que nunca. Pero esa fuerza viene de lejos, incluso Karina cuenta que el mismo Vicentico, el cantante de una tal banda llamada Los Fabulosos Cadillacs, sacó el ritmo de los tambores posadeños para ganar infinitos premios con su hit El Matador.

Pero más allá de lo importante que se ha vuelto la gestión de esta fiesta popular, lo que más le apasiona a Karina es bailar. Desde pequeña, cada vez que suena un tambor, asegura que se le pone la piel de gallina, algo difícil de explicar, comenta. Daniela Mercury era una gran referente para ella: “yo le copiaba todas las coreografías” cuenta entre risas. El Carnaval, asegura, volvió a todo el barrio “adicto a los tambores”, ya no pueden ver a alguien tocar sin pensar cuál es el ritmo y si lo están ejecutando bien o mal. Hoy en día se han expandido y llevan esa pasión a otros barrios, donde ella junto a Chane Arias, ambos muy crecidos desde esa primera vez, tratan de transmitir a los pibes que hay una salida, una forma de vivir que no se trata sólo de sobrevivir. Así se fueron formando otros proyectos como Espiralinha, Vape Afro Percusión e incluso sus hijas han elegido también dedicarse a la danza, como Candela Sosa, que la rompe toda en las redes y es una gran referente.

¿Cuál es la magia del carnaval? Si queremos buscar un ejemplo cercano, es una especie de comunión similar a lo que hemos vivido tras ganar la Copa del Mundo. Los festejos tienen que ver con celebrar la vida, con todo lo malo y todo lo bueno. No hay clases sociales, ni posturas políticas e ideológicas que valgan, como dice Juan Manuel Serrat en su tema Fiesta: “En la noche de San Juan, cómo comparten su pan, su sonrisa y su gabán, gente de cien mil raleas”. Lo valioso de este fenómeno es que no sucede por la ayuda ni del Estado, ni de los sectores privados. Si se sostiene es por el trabajo colectivo, por la organización popular y comunitaria que sostiene la memoria y estas tradiciones sin dejar de innovar y buscar nuevas formas de resignificarse.

Para Karina, el carnaval es un despojo de toda individualidad, la chance de fundirse en lo colectivo y vivir una experiencia en conjunto. “Las organizaciones comunitarias, tanto las asociaciones civiles, como los comedores, las bibliotecas populares, no tienen la pretensión de ganar dinero como una empresa ni sirven para tener estatus social como puede ofrecer la política a veces, hacen todo lo que hacen por la gente y para la gente” dice. Pero además, está el brillo, la mística, la actitud y la forma de pararse ante las adversidades de la vida y poder sortearlas. Y si algo de todo esto parece difícil de creer, basta con ir a la esquina de las calles Sarmiento y Lanusse, para comprobar que la chispa sigue intacta.