La actriz misionera Antonella Quintana abrió las puertas de la histórica casona de Santa Fe 333, la casa de su infancia y de su abuela, para convertirla en un teatro inmersivo por una única vez. Durante el recorrido, apenas 15 espectadores se sumergieron en una experiencia atravesada por la memoria familiar, con la participación de 19 artistas misioneros que dieron vida a cada habitación mediante teatro de objetos, títeres, performance, monólogos y música en vivo.
La propuesta, titulada “Santa Fe 333: Casa Abierta”, nació como parte de su tesis de posgrado de la Especialización en Teatro de Objetos, Interactividad y Nuevos Medios. La obra recuperó la historia de una casa con 118 años de historia y de una familia cuyo recorrido comenzó con la llegada del bisabuelo de Quintana desde España, pasando por Buenos Aires y Paraguay antes de establecerse en Misiones. Un cordel rojo atravesó todo el recorrido como símbolo de los vínculos, las generaciones y la historia que fue tejiendo su abuela Chiche.
“Mi deseo era que en algún momento esta casa se convierta en un teatro, una ofrenda”, expresó Quintana en diálogo exclusivo con El Territorio. La actriz explicó que cada habitación se convirtió en un dispositivo escénico y que el espectador dejó de ser un observador pasivo para transformarse en “viajero y testigo” de una historia que, a partir de los recuerdos personales, buscó convertirse también en colectiva. La experiencia tuvo además un valor especial por el pasado del inmueble, donde según recordó Quintana funcionó en otra época una de las primeras sedes del diario El Territorio en la región.
Después de atravesar la experiencia, Quintana compartió en redes sociales una reflexión cargada de emoción. “Esta obra honra a mis ancestros. Y especialmente a mi abuela Chiche. Su casa, mi infancia”, escribió. Para la actriz, volver a ese lugar significó cerrar un ciclo y reencontrarse con una parte de sí misma: “Me animé a abrir esa puerta. Por haber vuelto a abrazar a esa niña”. Aunque la casa hoy está en venta, aquella única función dejó una huella en quienes la habitaron por unas horas y convirtió sus habitaciones, objetos y recuerdos en una memoria colectiva que permanecerá más allá de sus paredes.



