Roberto Ignacio “Nacho” Arenas tiene 30 años y una historia que no se explica solo en imágenes, sino en esfuerzo, dolor y reconstrucción. Nacido en Posadas, su camino estuvo lejos de los privilegios: pasó por oficios como albañil, mozo, recepcionista de hotel y repositor, siempre buscando una oportunidad. Incluso se animó al mundo del espectáculo como bailarín en eventos, demostrando desde temprano una inquietud por expresarse y encontrar su lugar.

Su vida lo llevó a recorrer distintos puntos del país. Durante cinco años vivió en Comodoro Rivadavia, donde logró independizarse trabajando como recepcionista y cuidador en el puerto. Más tarde, Mendoza sería escenario de uno de los momentos más duros de su vida: en plena pandemia, sin trabajo y en medio de conflictos familiares, se reencontró con su padre tras años de distancia. Pero ese reencuentro fue breve. El 31 de octubre de 2020, su padre falleció tras sufrir un ACV. “Quedar huérfano me hizo reflexionar sobre muchas cosas”, recuerda, en alusión también al abandono materno que sufrió a los 11 años.
Con el dolor a cuestas, regresó a Posadas decidido a empezar de nuevo. Y fue allí donde la fotografía, esa pasión silenciosa que lo acompañaba desde siempre, comenzó a tomar protagonismo. Sin recursos, arrancó con lo que tenía a mano: su celular. La práctica constante y el apoyo de su amigo Renzo Gabriel Cejas fueron claves para dar los primeros pasos. Una sesión infantil se convirtió en la oportunidad inesperada, que lo empujó a invertir en su primera cámara. Luego llegó el desafío mayor: cubrir una boda. Con nervios e incertidumbre, pero también con la guía a distancia de la fotógrafa Rocío Sanclement, logró superar esa prueba y descubrir que estaba en el camino correcto.






Con el tiempo, encontró su identidad dentro de la fotografía en el mundo fitness. Una sesión casual en un gimnasio despertó algo nuevo: el interés por capturar el esfuerzo, la disciplina y la transformación física. Apostó por ese nicho cuando aún no era explotado en la región, creando contenido específico y posicionándose como pionero.



Hoy es fotógrafo oficial de un gimnasio y suma coberturas en más de 20 carreras, además de eventos sociales y sesiones particulares. También encontró otra pasión en el trail running, donde combina su amor por la fotografía con el deporte.

La historia de “Nacho” Arenas no es solo la de un fotógrafo en auge, sino la de alguien que, frente a la adversidad, eligió reconstruirse desde lo que ama. Hoy vive de su cámara, aunque en sus tiempos libres sigue trabajando como chofer de aplicaciones para sostener su crecimiento. Sus metas son claras: capacitarse, mejorar su equipo y seguir ofreciendo un servicio de calidad. Pero, sobre todo, seguir demostrando que incluso desde los comienzos más humildes, es posible enfocar la vida hacia nuevos horizontes.


