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“No hay folklore nuevo o viejo”: el Chango Spasiuk encendió el debate sobre la identidad misionera

Con el aula repleta y más público conectado por streaming, el músico misionero protagonizó una clase abierta en la UNaM que tuvo música, reflexiones sin filtro y preguntas incómodas sobre la cultura, las modas y la necesidad de contar la propia historia.

El Chango Spasiuk no necesita levantar la voz para hacerse escuchar. Le alcanza con un acorde, una pregunta incómoda o una de esas frases que invitan a repensar todo lo que creíamos saber. Este sábado 24 de octubre, el músico volvió a la que también es su casa, la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), y regaló una clase magistral que fue mucho más que una charla sobre folklore: fue una invitación a mirar de frente la identidad de la región y animarse a contarla con voz propia.

El encuentro se realizó en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, en el marco de la Licenciatura en Folklore con mención en Cultura Regional. La convocatoria reunió a unas 280 personas en el aula, además de quienes siguieron la actividad por streaming, en una jornada que se extendió durante más de dos horas y combinó reflexiones, intercambio con el público y momentos musicales.

Lejos de ofrecer respuestas cerradas o repartir definiciones sobre qué es y qué no es la música de Misiones, Spasiuk eligió otro camino: cuestionar las certezas, poner en discusión las miradas instaladas y defender la riqueza de una cultura que no entra en casilleros.

“No hay folklore nuevo o viejo, es una discusión que no hay que dar. Lo que existe es la música popular”, lanzó en uno de los pasajes más contundentes de la jornada. Una frase que bien podría resumir su mirada sobre las etiquetas, las modas y las discusiones que atraviesan a la música argentina.

“En algún momento tenemos que decirle al mundo cómo somos nosotros”

Con su particular manera de explicar la música y el territorio, el Chango puso sobre la mesa una cuestión que excede largamente los escenarios: quién cuenta la historia de una comunidad y desde qué lugar lo hace.

“No vengo a decirles cómo son las cosas”, aclaró ante los presentes. “Vengo a plantear que las cosas pueden ser de muchas maneras”.

A partir de esa premisa, invitó a estudiantes, docentes y artistas a revisar los relatos que llegan desde afuera y a construir una mirada propia sobre la región. Desde los documentales de las grandes cadenas internacionales hasta las interpretaciones históricas, el músico planteó la necesidad de analizar críticamente las narrativas que muchas veces terminan definiendo a los pueblos sin escuchar a sus protagonistas.

“En algún momento tenemos que decirle al mundo cómo somos nosotros, cómo nos vemos a nosotros mismos”, insistió.

Y si alguien esperaba una definición sencilla sobre cuáles son los ritmos misioneros, Spasiuk también dejó en claro que la identidad no funciona como una lista de ingredientes con fronteras perfectamente delimitadas.

Para explicarlo, apeló a una imagen tan simple como potente: el monte misionero. Pretender separar qué parte es brasileña, paraguaya, correntina o exclusivamente misionera, sostuvo, es perder de vista la riqueza del conjunto.

Su conclusión fue contundente: “Es un monte entero”.

La diversidad cultural, las raíces guaraníes, las influencias europeas y los cruces con los países vecinos no son elementos que deban competir por un lugar. Son parte de una misma trama, un patrimonio que merece ser comprendido sin caer en discusiones binarias ni imponer una identidad única.

Contra el algoritmo y la música hecha para vender

El músico también se metió con uno de los grandes debates de la industria actual: la presión por entrar en las tendencias, conquistar los grandes circuitos y convertir el éxito comercial en la medida de todas las cosas.

Spasiuk cuestionó la lógica del mainstream, el marketing y la búsqueda permanente de encajar en el flow del momento para facturar. Frente a ese escenario, propuso volver a mirar los espacios pequeños, esos lugares donde la música conserva un vínculo directo con la comunidad: las bailantas, las iglesias, los secaderos y los centros culturales.

Su invitación fue a seguir el camino menos transitado, incluso cuando las autopistas del mercado parezcan ofrecer una llegada más rápida.

En esa búsqueda, el valor del arte no se mide solamente en reproducciones, fama o reconocimiento. También está en la experiencia, en el vínculo con quienes escuchan y en la tranquilidad de hacer algo que tenga sentido.

Una postura que conecta con otra de las ideas centrales de la jornada: no todo lo valioso necesita convertirse en tendencia para merecer atención.

Una lección para los futuros docentes: aprender a escuchar

La clase también tuvo un costado pedagógico, especialmente dirigido a quienes se forman para enseñar música y a los docentes que ya trabajan en las aulas.

Spasiuk defendió la importancia de la llamada “educación de la escucha”: tomarse el tiempo para oír, analizar, preguntar y descubrir qué nos provoca una melodía, un ritmo o una poesía.

En tiempos de pantallas, estímulos constantes y atención fragmentada, esa práctica puede convertirse en una herramienta fundamental para recuperar la concentración y desarrollar una relación más profunda con el arte.

Durante la exposición, el músico recorrió influencias rítmicas y culturales de Sudamérica, explicó cuestiones técnicas de composición y mostró, con ejemplos sonoros, los cruces entre las tradiciones musicales vinculadas al Pacífico, el Atlántico y las herencias europeas.

Antes, además, había dejado una advertencia a los estudiantes que resonó con fuerza: “Ustedes tienen la responsabilidad de aprender todo lo que les enseñan. También la de revisitar lo que les están enseñando y volverlo a poner en un nuevo lugar”.

Traducido a la práctica: aprender no significa repetir automáticamente, sino tener herramientas para revisar, cuestionar y construir nuevas miradas.

Una vuelta a casa con mensaje para la universidad pública

La presencia del Chango tuvo también un valor especial por su vínculo con la UNaM, donde fue distinguido como Doctor Honoris Causa. El decano de Humanidades, Cristian Andrés Garrido, lo recibió con una frase que resumió ese lazo: “Esta es tu casa”.

El conversatorio fue coordinado por el doctor César Iván Bondar y contó con la participación del secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap, quien destacó la importancia de generar espacios de pensamiento crítico y debate frente a la superficialidad y los discursos hegemónicos.

En un contexto nacional complejo para las universidades públicas, la actividad también funcionó como una defensa del papel de la educación superior, la cultura y las artes en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Para Spasiuk, la universidad debe ser un lugar donde se profundice el conocimiento, se cuestionen las estructuras y se revisen las categorías heredadas, en lugar de aceptar verdades como si fueran definitivas.

La jornada reunió, además de estudiantes, a docentes, gestores culturales, músicos y artistas de la provincia.

Al final, quedó algo más que una clase de folklore. Quedó la idea de que Misiones no necesita elegir entre sus raíces para definir quién es, ni esperar que otros cuenten su historia. Puede reconocer sus mezclas, abrazar sus contradicciones y encontrar en esa diversidad una identidad propia.

Y si algo dejó claro el Chango, es que la cultura no se trata de levantar fronteras para separar lo nuestro de lo ajeno, sino de aprender a escuchar todo lo que suena en ese enorme monte compartido.