Ingrid Grudke volvió a conectar con sus raíces y compartió con sus seguidores una serie de historias cargadas de nostalgia, recuerdos familiares y postales bien misioneras desde Oberá.
Lejos de las pasarelas, los flashes y los eventos internacionales, mostró una faceta íntima y cálida desde la casa de su mamá, donde pasa unos días rodeada de familia, mates y recuerdos de infancia.
Sin filtros ni producciones, la obereña habló del intenso frío que atraviesa la ciudad y recordó cómo era su rutina cuando asistía a una escuela rural.
«Caminaba tres kilómetros y a veces veíamos las escarchas de hielo al costado del camino”, relató en una de las historias. La modelo explicó que el clima húmedo de Oberá hace que las bajas temperaturas “se sientan hasta los huesos”.
Así que entre chacras, escarchas y mates, la modelo volvió a demostrar que, más allá del glamour, hay recuerdos que nunca se enfrían.



