En medio de una de las peores crisis que atraviesa la cadena yerbatera del Nordeste, las declaraciones de la artista Lourdes Sánchez generaron fuerte ruido político y social. La funcionaria correntina eligió promocionar una marca de yerba paraguaya justo cuando miles de productores denuncian caída de precios, pérdida de rentabilidad y desprotección del sector.
En un video donde explica su forma de cebar mate, Sánchez asegura que “la clave es elegir una buena yerba” y menciona a Kurupí, destacando incluso que se trata de una firma paraguaya con presencia en el país desde hace seis años. La publicación, lejos de pasar inadvertida, despertó cuestionamientos por el rol institucional que ocupa: preside el Instituto de Cultura de una provincia donde el mate no es sólo una costumbre, sino parte central de la identidad regional y de la economía de miles de familias.
La polémica no surge en un vacío. El sector yerbatero atraviesa un escenario delicado desde que el Gobierno nacional avanzó sobre las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate, organismo clave para regular precios y proteger a productores y secaderos. La desregulación abrió una etapa de incertidumbre, con reclamos crecientes de pequeños colonos que advierten que hoy venden por debajo de costos y sin herramientas de defensa frente a los grandes actores del mercado.
En ese contexto, que una funcionaria de alto rango promocione una marca extranjera resulta, como mínimo, una señal desacertada. Más aún cuando el litoral yerbatero reclama respaldo político, campañas de consumo interno y decisiones que fortalezcan la producción nacional en vez de debilitarla.
El malestar encuentra además otro antecedente reciente: legisladores y senadores de Misiones impulsaron proyectos para que la Asociación del Fútbol Argentino revise su acuerdo comercial con Badmon, designada como sponsor oficial de la Selección Argentina. Los planteos apuntan a una presunta contradicción con la ley de “Infusión Nacional” y al impacto simbólico y económico que implica relegar a la producción local.
Por eso, las palabras de Sánchez no se leen sólo como una recomendación de consumo personal. También exponen una desconexión preocupante con el momento que vive una economía regional que pide acompañamiento, sensibilidad y gestos claros en defensa de uno de los productos más representativos del país.



